En marzo de 1871 el Paseo del Prado fue testigo del ‘Motín de las mantilas’ o ‘manifestación de las peinetas’, la rebelión de las aristócratas madrileñas en contra de Amadeo de Saboya y su esposa Mª Victoria dal Pozzo della Cisterna.

LOS ANTECEDENTES: la llegada de Amadeo de Saboya a Madrid

Para contar esta historia son importantes los antecedentes: tras la constitución que se firma en 1869 a consecuencia de la revolución de la Gloriosa de 1869, sube al trono Amadeo de Saboya que llega a Madrid en el mes de enero de 1871. Su esposa Mª Victoria dal Pozzo della Cisterna llegaría un poquito después, el 17 de marzo de ese mismo año. 

La reina Mª Victoria dal Pozzo, esposa de Amadeo de Saboya, en 1871 fundó el Asilo de las Lavanderas de la Glorieta de San Vicente al ver cómo los hijos de las lavanderas acudían con las madres al río y permanecían toda la jornada con ellas a la intemperie. Foto de 1934. Servicio fotográfico municipal. Fuente: Memoria de Madrid

En aquel momento en Madrid había un núcleo duro de aristócratas que apoyaban de Isabel II y a su hijo el entonces príncipe Alfonso (futuro Alfonso XII) y por lo tanto no apoyaban la candidatura progresista personificada en Amadeo de Saboya.  A la llegada del rey a Madrid el 2 de enero de 1871 se le recibió de un modo muy frío y sin ningún tipo de boato. 

Los duques de Sesto, Sofía de Troubetzkoy y José Osorio y Silva, dos de los aristócratas que estaban en contra de Amadeo de SAboya

Contamos con el testimonio del sobrino del duque de Sesto, Julio Benalúa, que nos narra la frialdad del recibimiento de Amadeo aquel día:  

«Se convino (…) que todos los balcones estuviesen solitarios y cerrados, no sólo sus vidrieras, sino hasta las maderas, y nosotros, la gente joven, en nuestro afán de curiosidad, recuerdo muy bien que asomado por la rendija de una persiana del piso segundo vi el espectáculo. Al cabo de dos minutos, apareció la figura del nuevo Rey, sólo y enteramente aislado. No se me borrará nunca de la imaginación aquella figura sobre el plano de nieve que presentaba la calle de Alcalá. Sobre un soberbio caballo alazán, aquel hombre de barba negra, vestido con el uniforme de gala de Capitán General español, que se esforzaba honradamente en traducir su serenidad en aquellos momentos, saludando de una manera típica que le vi reproducir algunas veces al quitarse el sombrero ante el público.”

Unido a esto, hemos de recordar que días antes de la llegada de Amadeo, el que era su principal valedor, el General  Prim había protagonizado un atentado en su berlina en la calle del Turco y fallecía.

Lienzo de Antonio Gisbert en el que vemos a Amadeo de Saboya frente al féretro del general Prim. Museo de Historia de Madrid

Un plan para mostrar el apoyo a los borbones y humillar a la reina:

Nos situamos en el Palacio de Alcañices que tenían los duques de Sesto en la calle Alcalá esquina con el Paseo del Prado en el espacio que hoy  ocupa el Banco de España. Era 19 marzo y el duque de Sesto, José Ossorio, celebraba su santo y hasta su palacio acudía toda la alta sociedad madrileña para felicitarle.

En semejante reunión social  la entonces duquesa de Sesto,  Sofía Troubetzkoy, reúne a las mujeres en uno de los espacios femeninos destinados a ellas en los palacios del XIX y trazan un plan para humillar a la reina.

Acuarela que representa el desaparecido palacio del marqués de Alcañices en Madrid.

Su plan era, acudir al día siguiente en su paseo diario por el Paseo del Prado hasta la Fuente de la Castellana con peineta y mantilla. Su plan consistiría en acudir al día siguiente en su paseo diario por el Paseo del Prado hasta la Fuente de la Castellana con peineta y mantilla.

A principios del XX seguirá revindicándose la españolidad con prendas como la mantilla y peina como se ve en este lienzo ‘las presidentas’ de Eduardo Urquiola. Museo del Prado

¿Y por qué con mantilla? ¿Cuál era el significado de este complemento? 

En aquel momento el uso de la mantilla ya estaba decayendo y se estaba apostando más por otro tipo de tocados como es el sombrero.

Estas mujeres de la aristócracia ya antes de organizar su rebelión habían empezado a usar la mantilla en actos sociales como bailes y toros, el hecho de que les pidiese a las mujeres que saliesen con sus mantillas, simbolizaba un apoyo a lo español y por ende a la casa de Borbón. Además de esto se colocaron alfileres con la flor de lis que es símbolo de la casa de Borbón.

Sofía Troubetzkoy, casada en segundas nupcias con el duque de Sesto. Fue la introductora del árbol de Navidad en nuestro país

-Y llegó el Motín de las Mantillas:

María Victoria dal Pozzo en diciembre de 1870. Muzeum Narodowe en Cracovia

Llegado el atardecer del día 20 de marzo de 1871 en el Paseo del Prado tuvo lugar una pasarela de mantillas, todas las mujeres acudieron en sus berlinas ataviadas con la peineta y la mantilla española. 

Estaban todas las aristócratas del momento, Sofía Troubetzkoy, la marquesa de Torrecilla, la marquesa de Bedmar, la condesa de Heredia Spínola), Agripina Mesa Queralt, Belén y Mercedes de Echagüe y Méndez de Vigo… etc

El primer día no fue un paseo muy concurrido por el mal tiempo, ni siquiera acudieron los monarcas, el segundo ya se había corrido la voz y había expectación por lo que acudió más gente, llegando incluso a preocupar al gobernador civil de madrid. La reina no entendió muy bien lo que sucedía, al verlo pensó que era una costumbre acudir con mantilla al paseo del prado en primavera y pensó ella misma llevarla al día siguiente, pero cuando se enteró de la verdad se sintió muy ofendida.

-Cómo acabar con el motín: la partida de la porra

Los reyes no estaban solos, tenían un grupo de apoyo que se llamaba ‘la partida de la porra’ y que ideó un plan para dejar en ridículo a las damas que habían ofendido a la reina. Cogieron unos coches de caballo, montaron a mujeres que eran lo opuesto socialmente a las aristócratas: una dependienta, dos turistas francesas y otras jóvenes de dudosa reputación, las colocaron mantilla y peineta y se las llevaron de paseo al Paseo del Prado.

Luis Paret y Álcazar. El Jardín Botánico desde el Paseo del Prado. Museo del Prado

Junto a ellas les iban unos caballeros, vestidos de majos que reproducían la españolidad del vestido masculino de un modo satírico. En concreto uno de ellos iba con un  disfraz en el que se podía reconocer perfectamente al duque de Sesto.

Prontó se empezó a correr la voz  por Madrid de este desfile de falsos aristócratas y los verdaderos se fueron marchando ya que no les sentó  muy bien esta afrenta y burla.

Este ejercicio de humillación acabó en el Teatro del Circo a finales de 1871 en un espectáculo burlesco llamado ‘La Fuente Castellana o Mantillas y Peinetas’ incluso el padre Coloma habla de este hecho en su novela ‘Pequeñeces’.

Mantilla de encaje de chantilly negro de Eugenia de Montijo. Museo el Romancitismo. 1851- 1860

P.d: la imagen que ilustra este articulo es un dibujo de Antonio María Esquivel de la colección del Museo del Romanticismo.


Bibliografía:

Moda y prensa femenina en la España del siglo XIX. Ana María Velasco

-Política de gestos. La aristocracia contra la monarquía democrática de Amadeo. Raquel Sánchez

-La rebelión de las mantillas. Por las Calles de Madrid: https://porlascallesdemadridblog.wordpress.com/2017/11/02/la-rebelion-de-las-mantillas-i/

Sin más, se despide atentamente

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