Una aproximación al Madrid del siglo XIX

El siglo XIX inicia con la Guerra de la Independencia y los posteriores levantamientos del Dos de Mayo y termina con la pérdida de las colonias de Cuba y Filipinas. Será un periodo muy agitado en cuanto a la política en el que asistiremos a la vuelta de Fernando VII, “el deseado”, y a la posterior decepción que causó el monarca al volver al absolutismo.

Museo del Prado. Muriel, Auguste – Dibujos, grabados y fotografías – 1864. Biblioteca Nacional de España

Asimismo seremos testigos de la sucesión de partidos liberales y conservadores en el gobierno, la conspiración absolutista, la creación de la Constitución de 1812, levantamientos y desamortizaciones.

El Convento de San Felipe Neri se encontraba en la Puerta del Sol y desapareció tras las desamortizaciones. Fuente: Wikipedia

Y entre medias se producirán hitos como el atentando contra el General Prim en la calle del Turco, la implantación del alumbrado eléctrico en la ciudad, el Ensanche del año 1860 también conocido como Plan Castro que cambiaría la fisionomía de la ciudad  o la creación, a imitación del Museo del Louvre, del Museo del Prado en 1819.

En 1871 aún eran visibles los restos de la cerca de Felipe IV en la Puerta de Toledo. El citado Plan Castro terminaría con ella. Foto de Jean Lauren. Archivo Memoria de Madrid

Característico también de este periodo serán los bazares y pasajes comerciales que surgen a imitación de los pasajes franceses o la creación de nuevos edificios como el Palacio de Cristal que se construyó para alojar la Exposición de Filipinas de 1887.

El Pasaje Matheu de Madrid. Fuente: Fronterad

En cuanto a las artes será un periodo esplendoroso en el que sobresalen movimientos como el neoclasicismo, el historicismo y el romanticismo. La industrialización, la fotografía y el ferrocarril llegarán a la ciudad y surgirá una nueva clase social: la burguesía acomodada.

Aspecto de la Puerta del Sol durante el inicio de los derribos de 1857 previos a la reforma de la plaza. Charles Clifford. Museo Municipal de Madrid.

El Museo del Romanticismo, sito en la calle San Mateo 13, nos invita a hacer un viaje en el tiempo y, mediante la evocación de ambientes, nos permite conocer cómo era la vida, las costumbres, el ocio, la literatura, el arte y el teatro en el ámbito burgués del XIX.

Foto: Museo del Romanticismo

Justo al lado del museo, en el número 15, se encontraba una institución fundada en el XIX por Fernando de Castro para la educación de la mujer.

El edificio, levantado a finales de siglo, albergaba talleres, bibliotecas, despachos, aulas de canto, música. Hoy en día, es la Fundación Fernando de Castro quien se dedica a la conservación del edificio y de algunas de sus estancias históricas. 

Foto del blog Arte en Madrid

-Un Madrid de tranvías, mesones, tabernas y cafés.

El Madrid del XIX será un Madrid de tranvías, primero de mulas, después de vapor y finalmente hacia 1871 electrificado. Las botillerías surgidas en el XVIII irán desapareciendo a lo largo del XIX y las calles se poblarían de mesones, tabernas, fondas, bazares y almacenes de vino.

Calle de Toledo, hacia 1890. Jean Laurent. Archivo Ruiz de Vernacci. IPCE

Asimismo en las plazas y calles de la ciudad habría puestos de venta de bebida, fruta, verdura, carne o pescado hasta que, por iniciativa de Mesonero Romanos, se crearían en las últimas décadas del XIX los mercados cerrados acristalados.

Venta ambulante en la Puerta del Sol. Fondo Azpiazu (Vitoria y Gasteiz) 1900

Hoy en día siguen abiertos establecimientos  como la Taberna de Antonio Sánchez en Mesón de Paredes 13 o Casa Alberto en la calle de las Huertas 18. Precisamente esta última habría sido fundada en 1827 y hasta ella acudirían los madrileños para tomarse un chato de vino con un huevo duro y un trozo de bacalao.

Taberna Antonio Sánchez. Foto propia

Los madrileños del XIX gustarían de acudir a las tertulias que se celebraban en los cafés de la ciudad para enterarse de primera mano de las últimas noticias.

De todos los cafés existentes en Madrid por los años 1830 y 31, el más destartalado, sombrío y solitario era, sin duda alguna, el situado en la planta baja de la casita contigua al teatro del Príncipe. Pues bien, a pesar de todas estas condiciones negativas, y tal vez a causa de ellas mismas, este miserable tugurio, sombrío y desierto, llamó la atención y obtuvo la preferencia de los jóvenes poetas, literatos, artistas y aficionados”

Mesonero Romanos. Memorias de un sesentón

Dibujo (alegoría del Madrid de la segunda mitad del siglo XIX) con varios tipos castizos ante el Cafe Suizo, con un cartel de la proclamación de la República Federal.

Los cafés más célebres serían el Café del Parnasillo, el Café de Fornos, en la calle Virgen de los Peligros, y el Café Suizo, en la confluencia entre las calles Alcalá y Sevilla, dónde surgirían los bollitos homónimos.

Café de Fornos – Madrid (situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros, en fotografía del año 1908) Fuente: UrbanIdade

-Las viviendas: Corralas y Palacetes

A ese Madrid comenzó a llegar gente del entorno rural para buscarse la vida en las huertas que había en la ciudad y además se conformó un grupo de clases populares de mendigos, raterillos, golfos que se buscaban la vida como podían.

Uno de estos tipos eran los traperos o ropavejeros, estos, habitaban el barrio de las Injurias y se dedicaban a la compra de trapos viejos, suelas de alpargata y lanas con las que luego se hacía el papel de los periódicos.

1920-22. Trapera con su burro en el Rastro. Otto Wunderlich. Fuente: IPCE

Las clases populares, como los campesinos, cordeleros, las lavanderas y las cigarreras, se instalarían en la zona de Embajadores y Lavapiés, siendo las corralas los inmuebles donde vivirían.

Rodríguez de Guzmán, Manuel (1818 – 1867) Museo Nacional del Prado

Hasta dentro de una misma corrala había clases sociales y es que conforme se ascendía en altura, más pobre se era. Las buhardillas por lo tanto serían habitadas por los inquilinos con menos recursos.

Foto Propia. Corrala de la calle Tribulete

Por otro lado los nuevos aristócratas que habían hecho fortuna con el comercio, ferrocarril o la bolsa, habitarán en sus palacetes de nueva construcción en la Castellana.

Palacio de Linares. Don José de Murga creará en el esquinazo de la calle Alcalá con el Paseo de Recoletos un edificio palaciego para  uso y disfrute suyo y de su esposa Doña Raimunda Osorio y Ortega. La construcción del palacio comenzaría en el año en 1872 pero hasta 1884, sin que el palacete hubiese quedado terminado, los marqueses no pasarán a habitarlo. En lo que respecta a los trabajos de decoración, se iniciarán en 1878 y cada uno de los artistas contratados trabajarán de acuerdo a su estilo y presupuestos estéticos.

Por otro lado estarían los burgueses de cuna que tendrían sus viviendas en zonas como los aledaños del Palacio Real, Arenal o Arguelles. En este momento la nueva burguesía reemplazará a la antigua nobleza de sangre.

La Carrera de San Jerónimo hacia 1860. Foto: Fuenterrebollo
La Carrera de San Jerónimo hacia 1860. Foto: Fuenterrebollo

Don Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII Marqués de Cerralbo, fue un aristócrata, coleccionista y arqueólogo madrileño que durante toda su vida atesoró  una gran colección artística que expuso y guardó en su pequeño hotelier a la francesa de  calle Ventura Rodríguez.

Uno de los salones del Museo Cerralbo en el ala de invierno. Foto propia

Tanto el inmueble, un bellísimo ejemplar de palacete decimonónico, como la colección fueron  legado a su muerte al Estado Español surgiendo así el Museo Cerralbo. Una visita al mismo nos permite abrir una ventana al pasado y conocer cómo era un palacete madrileño aristocrático del XIX y cuales eran los criterios del Marqués a la ora de coleccionar antigüedades y objetos de índole artística.

Baño del Museo Cerralbo. Foto propia
Baño del Museo Cerralbo. Foto propia

-Las tiendas del Madrid del XIX

A principios de siglo surgirán pequeños comercios, tiendas que eran muy modestas y que podían abrirse en los descansillos de las casas o en los portales de las mismas. Por lo general, sus dueños eran los productores de lo que se vendía y los dependientes vivían con los dueños y ganaban un pequeño jornal.

La Antigua Casa Crespo abierta en 1863 en la Calle Divino Pastor 29

Otro de los negocios frecuentes serán las hueverías, lecherías y vaquerías cuyos restos aún son visibles en algunas portadas de comercios.

La Farmacia JuanSe se fundaba como botica en el año 1893, en plenos años veinte se le incorporaron unos bonitos azulejos publicitarios que la convirtieron en una de las más bellas y emblemáticas farmacias de Madrid.

A mediados del XIX el panorama cambia y para atraer al público comienzan a surgir nuevas tiendas con portadas llamativas, escaparates donde exponer los productos, y elegantes interiores con columnas de forja, anaquelerías, zócalos de madera y armarios y cajones de las mejores maderas.   

Antigua Pasteleria del Pozo. Foto de Pepe Añón para este blog.

Cuenta Fernández de los Ríos en su Guía de Madrid que en 1835 llamó la atención del público la perfumería Diana, en la calle Caballero de Gracia, y una tienda de quincalla al comienzo de Montera por ser amas las primeras portadas y escaparates al uso de París.

Toda esta reunión de tiendas y comercios que desde las magníficas columnas y brillantes cierres de cristal, van descendiendo hasta los portales y rincones más oscuros, prestan al aspecto de Madrid una animación singular”  Mesonero Romanos. Manual de Madrid.

Algo que caracterizaba  a estas tiendas eran las portadas que se han denominadogaldosianas” y que aparecen muy bien descritas en la novela de Benito Pérez Galdós Fortunata y Jacinta”.  Estas portadas solían ser de madera y se decoraban con bonitos trabajos de ebanistería, su zócalo era de mármol y se remataba con rótulos que anunciaban lo que se vendía en su interior y el nombre del dueño.

Imprenta Ducazcal, Plaza de Isabel II, nº 6. Principios del Siglo XX. Autor desconocido Colección Izquierdo-Mariblanca. Fuente: Viejo Madrid
Imprenta Ducazcal, Plaza de Isabel II, nº 6. Principios del Siglo XX. Autor desconocido Colección Izquierdo-Mariblanca. Fuente: Viejo Madrid

-Las fábricas y los pequeños talleres artesanales

Para hacernos una idea del Madrid industrial del XIX debemos hablar en un primer momento de los pequeños talleres artesanales que se encontraban en el casco antiguo y derivaban de los gremios medievales.

Talleres de zapatería, herrerías, carpinterías, ebanisterias, cuberos, plateros o talleres de encuadernación, serían los más numerosos.

En el sector calle Mayor comienzo de la calle Toledo y aledaños, predominaría la industria textil. Foto propia
En el sector calle Mayor comienzo de la calle Toledo y aledaños, predominaría la industria textil. Foto propia

Asimismo en el centro de la villa se establecerían: la industria alimentaria (tahonas, chocolates, galletas o pastas para sopa), la de bebidas (cervezas o licores), artes gráficas (talleres de encuadernación o imprentas), textiles y complementos e instrumentos musicales, entre otros.

En los aledaños de la Plaza de Oriente predominaban las artes gráficas con especial importancia las encuadernaciones. Foto propia
En los aledaños de la Plaza de Oriente predominaban las artes gráficas con especial importancia las encuadernaciones. Foto propia

En el Ensache las industrias se distribuirían de tal modo: Chamberí y Bravo Murillo concentrarían las fábricas de bujías estearicas, fundiciones de hierro, plomo, bronce o tipos de imprenta.

En 1890 nacía ‘Hijos de Casimiro Mahou, fábrica de hielo y cerveza’ en la calle Amaniel de Madrid. Fotografía del Archivo Moreno. IPCE

En Princesa y Argüelles se ubicarían las industrias de las Artes Gráficas, las de pastas para sopa (Clot) y la Fundición tipografíca Richard Gans. 

Poca industría se concentraría en el barrio de Salamanca donde sobresale alguna conservera y las fundiciones de metal blanco para cuberterías de Espuñes y Meneses.

Dada la topografía y condicionamiento del trazado del Ferrocarril, el sector de Arganzuela se convertirá en una zona industrial (papel, textil, harina, cerámica, vidrio, tejares y yeserías) y de almacenaje.

La zona de Pacífico concentraría tahonas, fábricas de harina y algunos tejares.

En el caso de los alfares y tejares, estos se encontrarían en localidades sitas a las afueras de Madrid como Vicálvaro, Villaverde o Vallecas y trabajarían los materiales cerámicos para producir ladrillos y tejas. Muchos de ellos continuarían formando parte del paisaje urbano de Madrid hasta mediados del siglo XX.

Tejar de Sixto Vicente. 1950. Fotografía de Vicente Nieto Canedo. Ministerio de Cultura.

Mención a parte merecen las fábricas y obradores de chocolate que surgirían en durante el siglo XIX. Así el gallego ‘Matías López’ abriría a mediados del XIX, en la calle de la Palma, su fábrica homónima de chocolates cosechando tal éxito que se trasladó hasta El Escorial para hacer una producción mayor.

Establecimiento de chocolates Matías López. Taller de empaquetado. Archivo Regional CAM
Establecimiento de chocolates Matías López. Taller de empaquetado. Archivo Regional CAM

En el Museo de historia de Madrid puede verse en la planta dedicada al siglo XIX una de las cajas de los chocolates Matías López.

Fachada del edificio, principios del siglo XX. Fuente: MCU
Caja de Chocolate Matías López expuesta en el Museo de Historia de Madrid. Foto propia

Pero aunque el chocolate era aún un bien preciado, lo cierto es que se solían guardar algunos ahorrillos y de vez en cuando los madrileños de clases más humildes compraban algunas onzas en establecimientos como El Indio en la calle de la Luna o en lonjas como la del Caballero de Gracia o de la Esgrima.

Foto del interior de la Chocolateria El Indio. Fuente: Museo del Traje

Por su importancia y por haber permanecido abierta desde 1848 hasta 1994, debemos hacer mención a la Chocolatería El Indio que se encontraba situada en la calle de La Luna esquina San Roque.

La Chocolatería el Indio en el Museo del Traje. Foto propia

La Chocolatería El Indio fue un establecimiento abierto inicialmente como obrador  chocolates para su venta. Posteriormente fue ampliando el negocio dedicándose a la venta  de café, fiambres, caramelos o galletas, entre otros.

Cuando cerró sus puertas en 1994,  el Estado adquirió todos los muebles que se encontraban su interior para el Museo del Traje, institución donde se custodía y se exhibe en la actualidad.

-El ocio: los teatros, frontones, hipódromos y los toros

Los madrileños del XIX gustarán de acudir a los teatros como el Teatro de la Cruz, el del Príncipe o el de la  Comedia en el Barrio de las Letras para disfrutar de obras de teatro o espectáculos de cuplé.

Teatro de la Comedia se inauguró en 1875 con la presencia del rey Alfonso XII. Foto: Teatro de la Comedia

En 1880 Don Cándido Lara, un carnicero de Antón Martín que había hecho fortuna con el negocio de la carne alimentando a las tropas liberales durante la segunta guerra carlista, abría en el Barrio de Maravillas un teatro inspirado en el Palais Royal de París.

Ese teatro, sería bautizado como «la Bombonera de Don Cándido» y es uno de los Teatros de finales del XIX que continuan abiertos hoy en día como teatro.

Techo del Teatro Lara. Foto: RTVE

En pleno Barrio de la Latina abriría sus puertas en 1857 el Teatro Novedades adquiriendo un matiz popular al ofrecer espectáculos accesibles para los vecinos del barrio en el que se encontraba.

Por desgracia el 23 de septiembre de 1928 el Teatro Novedades sufría un terrible y devastador incendio mientras se representaba el sainete ‘La Mejor del Puerto’. El teatro fue pasto de las llamas y en él fallecieron más de 80 personas y hubo más de 200 heridos.

Incendio Teatro Novedades. 1928, fotografía tomada por el fotógrafo ALFONSO

En futuras entregas hablaremos de otros aspectos ligados al Madrid decimonónico como las lavanderas del Manzanares, los mercados, las violeteras y floristas, la Inclusa de Mesón de Paredes o de fotográfos del momento de la talla de Charles Clifford, Jean Laurent o Agusto Arcimís.

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¡Bienvenidos a “la Bombonera de Don Cándido”! La historia de un Teatro más que centenario a través de una visita teatralizada

Descubriendo las corralas madrileñas

Pd: La fotografía principal que ilustra este articulo pertenece al fondo Azpiazu (DVD03\AZP212) y representa una escena de venta ambulante en la calle Cuchilleros de Madrid

Sin más, se despide atentamente

10 COMENTARIOS

  1. Qué articulazo sereno, menudo trabajo ha hecho usted. Enhorabuena. Si no le importa me gustaría citar este artículo en una entrada de nuestro blog del cole Tablón Cultural. Es un trabajo impresionante y me viene muy bien para las clases. Por supuesto en el artículo enviaría al lector directamente a esta entrada. Un saludo, querido sereno.

  2. Hola Sioni!

    Gracias por tu comentario, ya sabes que lo puedes citar y utilizar para lo que precises. Si necesitas bibliografía, me dices
    Un saludo

  3. Hola Mercedes!
    Muchas gracias por tu comentario. Ya sabes que me gusta mucho el XIX y quise utilizar esta bitácora para ofrecer una aproximación global a lo que fue el XIX en la ciudad. Se me han quedado muchas cosas en el tintero pero habrá tiempo para retomar los temas
    Un saludo

  4. Maravilloso artículo. La de cosas que aún existían en los años 50 y que he llegado a conocer. El Barrio de las Injurias, si no me falla la memoria lo cita Pío Baroja en su novela «La Busca». El incendio del Novedades que me contaba mi abuela ya que vivíamos en la hoy Plaza del gral. Vara de Rey. Bares, tabernas, mesones…. Los comercios de la calle Toledo. En fin: FELICIDADES y ENHORABUENA por tan magnífico repaso a un Madrid ya desaparecido.

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