La Edad de la Ira de La joven Compañía, una olla a presión a punto de estallar.

La trilogía #stopbullying de La Joven Compañía llega a su fin con la representación de La Edad de la ira, una historia sobre la búsqueda de la identidad al llegar a la adolescencia y antes de empezar a adentrarse de lleno en la vida adulta.

Basada en el libro de Fernando J. López, es el mismo autor el que se ha encargado de transformar su historia para reinventarla y enfocar la narrativa desde el punto de vista de los adolescentes (a diferencia del libro dónde son los profesores quienes narran los hechos). La unión entre el autor y La Joven Compañía crea una mezcla perfecta para afrontar un relato de la primera crisis de la edad y que incluye una narrativa que se ha nutrido de las experiencias del elenco durante el taller dedicado a preparar la obra teatral.

Es así como se crea una simbiosis de referencias que ayudan a crear una atmósfera atemporal, en la que tanto los más jóvenes como los mayores, se pueden llegar a identificar al reconocer los iconos de rebeldía que han ido acompañando desde la explosión de la cultura pop a la adolescencia. Los protagonistas son Milennials enganchados a Youtube y a las redes sociales pero el grupo más alternativo de personajes también disfruta con sesiones de cine clásico.

En la historia se retrata a unos adolescentes que, a pesar de estar bombardeados mediáticamente y concienciados sobre los problemas que fueron arrastrando las generaciones anteriores en cuanto a machismo, homofobia y acoso escolar, siguen siendo susceptibles a repetir los errores que les inculcan en el núcleo familiar. Uno de los mayores aciertos es que nos presenta a unos personajes imperfectos, cada uno con sus aciertos y sus fallos, caminando por la cuerda floja.

La escenografía está compuesta por una especie de pecera con paneles transparente que a la vez sirve para atrapar y liberar las pasiones de los personajes. Dentro de ella todo es furia y opresión así que tienen que ir encontrando la forma de escapar y encontrar su propia voz fuera de ella.

A pesar de su corta edad, casi todo el elenco son ya todos unos veteranos de la compañía a los que hemos visto en diferentes papeles del resto de obras de esta temporada. La dirección vuelve a exprimir lo mejor de sus personalidad y hace que el espectador termine emocionalmente agotado al verse tan reflejado en esos torbellinos escénicos que no paran de saltar, gritar, bailar, amar y pelear con una energía que sólo las hormonas juveniles son capaz de poner en marcha.

La edad de la ira estará presentándose en el Teatro Conde Duque hasta el 6 mayo de 2017. Entradas a la venta AQUÍ 

Sin más, se despide atentamente

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